17/2/11


Ya no miro a la muerte desconsolada
por el daño que hace, ni con respeto
al pensar que me puede, ¡porque no alcanza
a dañarme la imagen de su misterio!

Ya no temo si viene con la guadaña
ni me asusto ante el muro de su silencio,
ya no pienso que acabe -cuando te llama-
con el lazo que une, después de muertos.

Ya no siento tristeza porque se acaba
con el fin de la vida lo que tenemos;
ahora sé que me esperas donde se abrazan
el color de la aurora, la mar, y el cielo.
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Ya no miro a la muerte desconsolada,
porque siento la calma de Dios… muy dentro.
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