CORDOBÉS
Yo quise a un cordobés
y todavía lo quiero,
que se peinaba las canas ondeándole en el pelo
como la luna en el agua por el mar de su cabello, y los ojos siempre ardían
con la belleza del fuego
al calor de mi candela,
si le decía: “te quiero”
Yo quise a un cordobés
sencillo como el romero,
agua natural de sierra
y nube blanca en el cielo;
equino de noble estampa
cabalgando en el ejemplo
de su recta condición...
cuando llegaba el momento.
Yo quise a un cordobés,
¡y todavía lo quiero!
Yo quise a un cordobés
y todavía lo quiero,
que se peinaba las canas ondeándole en el pelo
como la luna en el agua por el mar de su cabello, y los ojos siempre ardían
con la belleza del fuego
al calor de mi candela,
si le decía: “te quiero”
Yo quise a un cordobés
sencillo como el romero,
agua natural de sierra
y nube blanca en el cielo;
equino de noble estampa
cabalgando en el ejemplo
de su recta condición...
cuando llegaba el momento.
Yo quise a un cordobés,
¡y todavía lo quiero!
Ángeles Asensio


