4/11/10

 
 
 

He mirado en el mar que hay en tus ojos
tan serenos, tan inmensos, tan hermosos…
¡tan oscuros como noches de poniente,
donde el negro expresivo de su mundo
me permite navegar a lo profundo
de tu alma, descubriendo así la mente.

Me he sentido tan cautiva en tu mirada,
tan segura, ¡tan feliz y tan amada!,
que la vida dibujó en mi camino
una historia de renuncias para dos,
donde nunca tuve un hola ni un adiós
porque siempre estabas tú, en mi destino.

¡Y ay amor!, que duro fue lo que vivimos,
cuanto risco, cuanto valle, cuanta curva,
¡cuántas veces me ayudaste tu a que suba!,
y al bajar por la pendiente al lado mío
descubrir, que habías sembrado aquel baldío
con las cepas que le dio el sabor de uva.