17/2/11




Me acerqué lentamente tu retrato,
lo besé con ternura y con respeto,
y a su roce, mis labios temblorosos
por el frío cristal se iban cayendo.
 
¡Ay amor!, que distinto era entonces
al rozarte mi boca con un beso...
ese dulce calor con que mirabas
reflejando la hoguera de tu cuerpo.

 

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